La vida es superar adversidades


Me encuentro encima de la más alta cumbre, llena de rocas, precipicios y helados puentes resbaladizos. Por fin, cierro los ojos y cojo aire. Profundamente. Despacio. Saboreo cada uno de los éxitos logrados en mi carrera deportiva. En definitiva, los éxitos de mi vida. Orgulloso y con la cabeza bien alta abro los ojos. Hay unas vistas preciosas aquí arriba. De repente, una niebla espesa y fría lo cubre todo prohibiéndome ver más allá de dos metros. Doy pequeños pasos. Indeciso y temeroso, con los brazos en su máxima extensión, intento avanzar poco a poco. No veo nada. Se me empieza a acelerar el pulso y me cuesta respirar. Cada vez está mas lúgubre y oscuro. Mis dedos fríos y tímidos tocan una pared firme y escarpada. En ese momento, una suave brisa helada se lleva poco a poco las nubes dejándome ver. Entonces veo otra montaña, alta, imponente e interminable. Poderosa, se planta frente a mí intentando intimidarme. Mis ojos se abren como platos, ya que me doy cuenta que todavía no había llegado a lo más alto de la gran montaña. Mi primer pensamiento es de temor, quiero huir despavorido. Asustado, bajo la mirada. No me puedo creer que, después de coronar la montaña más dura que he afrontado nunca, aparezca otra oculta en medio del paso. Me miro las manos, callosas y duras debido al duro camino por el que he tenido que trepar. Cierro los puños. Con el ceño fruncido y los dientes apretados alzo la mirada desafiante: ¿Te crees que me vas a vencer? ¡Una triste y solitaria pared abrupta no me va a amedrentar! Después de todo, me siento invencible. Me armo de valor y orgullo para afrontar el próximo reto. Doy un grito alto, fuerte e imponente para liberar la tensión del momento. Empiezo a subir, poco a poco, seguro y convencido de mí mismo. Vuelvo en sí. Sentado, sostengo un gran sobre entre mis dedos que parecen los resultados de una resonancia magnética. Lleva mi nombre, así que le doy la vuelta y lo abro. Saco el papel que hay dentro y lo empiezo a leer. Mi cuerpo se paraliza y, entonces, mi mundo se para en seco. Mañana vuelvo a pasar por el quirófano. Esta vez, para enfrentarme a la última gran montaña. Un tumor benigno. Está claro que no está siendo mi año, pero no queda otra que sonreír con más fuerza y seguir superando las adversidades que la vida me plantea.