Relato de una competición en aguas abiertas – Parte I

Héctor Ruiz gana su primera competición internacional

¿Y si te dijera que todo es posible? Que se puede lograr, que lo puedes lograr y que lo vas a lograr. No tengas miedo, cree en ti y muéstrale al mundo de lo que eres capaz. Demuéstratelo a ti mismo y te sorprenderás. Me despierto de un sobresalto, en mi cabeza sólo hay sitio para un único objetivo. ¿Esto es lo que quieres? ¿Es esto lo que te gusta? Por supuesto. No hay atisbo de duda.

Me siento pesado, cansado y con los brazos doloridos, lo que me transporta a la competición del primer fin de semana de mayo en la que conseguí mi mejor marca en 1500 metros. La Copa de España de clubes es la competición más vibrante y apasionante de la temporada, dónde se dan cita los mejores nadadores para lograr llevar al club, con la ayuda de todo el equipo, a lo más alto del pódium. No hay tiempo que perder, son las siete de la mañana del jueves 7 de mayo; en poco más de 12 horas estaré en el aeropuerto camino de Israel para competir el domingo, día 10, en la Copa de Europa. Es el último entreno exigente antes no empecemos a bajar metros y a hacer una pequeña puesta a punto. Salto al agua y sin más desaparece la estela con las burbujas detrás de mí, a la vez que se desvanecen los pensamientos negativos. Mi mente ya no está centrada en lo mucho que me duelen los brazos. Toca entrenar como si fuera el último. No quiero pensar en lo que pasará después, quiero disfrutar de lo que más me gusta y aprovechar cada una de las brazadas para acercarme un poco más al objetivo.

Por la tarde toca nadar suave, buscando sensaciones, acariciando el agua. Escucho mi cuerpo y nado en sintonía con el ritmo que imponen mis brazadas. No puedo evitar pensar en la carrera de ese domingo, 10 de mayo. Se me acelera el pulso y puedo notar el vibrar de mi corazón. He entrenado para esto y sé que puedo estar entre los mejores. Quiero estar entre los mejores. Voy a luchar para estar entre los mejores.

El viaje en avión se hace un poco largo, aunque con los compañeros de selección todo es más ameno. Entre las horas de vuelo y las esperas en el aeropuerto ha pasado medio día. Salimos de Barcelona a las 11 de la noche del viernes y ahora son las 8 de la mañana del sábado día 9. Tengo las piernas cansadas y no he podido dormir con continuidad. Llegamos al hotel, dormimos un poco y por la tarde vamos a nadar. Ya me encuentro mucho mejor.

Al día siguiente vamos a entrenar al mar. A mano izquierda vemos como se alza una gran bandera jordana y es que la ciudad de Eilat se encuentra en la frontera entre Jordania y Egipto. Nos tiramos a nadar al Mar Rojo y rápidamente observamos la rica fauna marina: peces globo, manta raya, pez aguja, pez león… ¡Qué privilegio! Después de 45 minutos nadando volvemos al hotel para reponer fuerzas con el desayuno y me retiro a la habitación para leer y relajarme. Es el momento de desconexión total. Por la tarde iremos a la piscina para nadar suave de cara al día siguiente, ya que es importante relajarse con un buen descanso activo. Seis de la mañana, que sueño… ¿dónde estoy? Vaya, ¡hoy es el día!