Y por fin, llego a casa.

Héctor Ruiz en el mar.

Vuelvo del médico. Mi rostro serio y pensativo en el espejo deja entrever preocupación. Han pasado varias semanas desde que salté por última vez al agua. La sensación de libertad y esa agradable soledad entre tus pensamientos centrados en cada brazada, en cada respiración, en cada latido de tu corazón para cumplir un sueño. Todo eso ha desaparecido…

Los últimos días han sido un ir y venir del médico a casa y de casa al médico. Como he comentado, hace unos días que no entreno ya que tuve unos episodios de arritmias que cada vez eran más intensos y seguidos. Después de muchas pruebas (de esfuerzo, Holter, resonancia magnética cardíaca, eco…) han encontrado un pequeño problema con el corazón que habrá que tratar antes no me vuelva a tirar al agua, y es que hasta que no le pongamos remedio me han prohibido el deporte a cualquier intensidad. La recomendación del médico ha sido intervenir con una pequeña operación con el fin de mejorar mi salud para después poder entrenar y/o practicar deporte con garantías durante toda mi vida. No hay más opciones si quiero seguir luchando para cumplir el que ha sido desde hace muchos años mi sueño, los Juegos Olímpicos.

El ver como poco a poco se alejan tus sueños es más doloroso que cualquier dolor físico. Os lo aseguro. Hay un momento crítico y temido por todo deportista, la retirada. Aquí se formulan varias preguntas como: ¿qué te dice tu corazón? o ¿qué te pide tu cabeza? Pero cuando no hay preguntas cuales puedes elegir sino que se formula una frase en imperativo, “hasta aquí hemos llegado, déjalo”, entonces ya es más complicado. Sea como fuere, tengo la suerte de que a día de hoy y a pesar de todo, puedo elegir. Así que rompo todos esos pensamientos en mil pedazos.

A lo largo de mi trayectoria deportiva me he encontrado con muchos baches en el camino, con muchas piedras, rocas, montañas… pero este ha sido un golpe muy duro. Superado con éxito todo lo que me he ido encontrando hasta ahora, me dispongo a afrontar el último contratiempo mirándole de tú a tú. “Otro más, con el respeto que te pueda tener pero convencido de que también te ganaré. Voy a por ti”.

A ti, que me estás leyendo. Quiero decirte algo: lucha hasta el final. Sé constante y aprovecha cada oportunidad que te brinde la vida. No te des por vencido, aun existiendo tan sólo una oportunidad entre un millón. Recuerda siempre que ningún campeón ha llegado a la cima sin saber qué se siente al probar la derrota. Por mucho que te pongan palos en las ruedas o por muchos golpes que recibas, levántate. Lucha hasta que exhales tu último aliento.